Los tres desafíos del actual mundo globalizado, según Benedicto XVI
Ambiente y desarrollo sostenible, dignidad
humana y pérdida de valores espirituales
Un desarrollo sostenible que preserve el ambiente, el respeto de la dignidad de las personas, y el peligro de perder los valores espirituales, son los tres desafíos que afronta el mundo globalizado, según Benedicto XVI. El Papa hace este análisis en el mensaje que ha enviado a la presidenta de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales.
POBRES PAGAN EL PRECIO MÁS
ALTO DEL DETERIORO ECOLOGICO
El Santo Padre explica que «la comunidad internacional reconoce que los recursos del mundo son limitados y que cada pueblo tiene el deber de aplicar políticas orientadas a la protección del ambiente». «Se debe prestar especial atención al hecho de que los países más pobres son aquellos que parecen destinados a pagar el precio más alto por el deterioro ecológico», denuncia.
«La destrucción del ambiente, su uso impropio o egoísta y el acaparamiento violento de los recursos de la tierra, generan fricciones, conflictos y guerras, precisamente porque son fruto de un concepto inhumano de desarrollo», constata.
Por eso, advierte, «un desarrollo que se limitara al aspecto técnico y económico, descuidando la dimensión moral y religiosa, no sería un desarrollo humano integral y, al ser unilateral, terminaría fomentando la capacidad destructiva del hombre».
Para responder a las exigencias de la protección del ambiente y del desarrollo sostenible, el Papa hizo un llamamiento a promover y a «salvaguardar las condiciones morales de una auténtica “ecología humana”».
SERES HUMANOS TIENEN QUE
SER VISTOS COMO PERSONAS
El segundo desafío, el respeto de la persona humana es decisivo para las relaciones recíprocas, considera el obispo de Roma, pues «si los seres humanos no son vistos como personas, hombre y mujer, creados a imagen de Dios, dotados de una dignidad inviolable, será muy difícil alcanzar una plena justicia en el mundo».
«A pesar del reconocimiento de los derechos de la persona en declaraciones internacionales y en documentos legales, es necesario avanzar mucho para asegurar que este reconocimiento tenga consecuencias sobre los problemas globales».
Los problemas globales citados por el Papa son: «la creciente brecha entre países ricos y pobres, la desigual distribución de los recursos naturales y de la riqueza producida por la actividad humana, la tragedia del hambre, de la sed y de la pobreza en un planeta en el que hay abundancia de comida, agua y prosperidad». Además: «los sufrimientos de los refugiados, las continuos conflictos en muchas partes del mundo, la falta de una protección legal para los no nacidos, el abuso de los niños, el tráfico internacional de seres humanos, de armas, de drogas, así como de otras graves y numerosas injusticias»
RECUPERAR VALORES
El tercer desafío expuesto por el pontífice al nuevo escenario internacional es el peligro de que la sociedad tecnológica destierre los valores del espíritu. «Apremiados por preocupaciones económicas, tendemos a olvidar que, a diferencia de los bienes materiales, los bienes espirituales que son típicos del hombres se expanden y multiplican cuando se comunican», indica. «Para afrontar positivamente estos retos, es urgentemente necesaria una justa igualdad de oportunidades, especialmente en el campo de la educación y de la transmisión del conocimiento».
Afrontar estros tres desafíos, concluye el Papa, exige «amor al prójimo», pues sólo éste «puede inspirar en nosotros la justicia al servicio de la vida y de la promoción de la dignidad humana». «Sólo el amor en la familia, puede asegurar esa solidaridad intergeneracional que transmite amor y justicia a las generaciones futuras», afirma. «Sólo la caridad puede animarnos a poner a la persona humana una vez más en el centro de la vida en la sociedad y en el centro de un mundo globalizado, gobernado por la justicia», concluye. (Adaptado de Zenit)
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