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OBJETIVOS FORMATIVOS DEL SEMINARIO MAYOR
4. Objetivos formativos del Seminario Mayor
4.1 Los objetivos del Seminario tienden a formar el sacerdote diocesano, cuya formación debe ser íntegra y completa, abarcando y cimentándose en las cuatro dimensiones de la formación, que son: la humana, la espiritual, la intelectual y la pastoral. Todas las indicaciones que siguen deben ser acogidas en el proyecto educativo o en el reglamento del seminario.
4.2 Dimensión humana:
4.2.1 La formación humana del futuro sacerdote viene exigida tanto por la necesaria asimilación de las virtudes propias del hombre, que debe realizar todo cristiano en cuanto tal, como por la madurez humana, que exige el propio ministerio al que está llamado. ״El presbítero, en efecto, llamado a ser imagen viva de Jesucristo Cabeza y Pastor, debe procurar reflejar en sí mismo la perfección humana que brilla en el Hijo de Dios hecho hombre״.
4.2.2 La madurez humana es una realidad compleja y no siempre resulta sencillo precisar su contenido. No obstante se suele considerar maduro al hombre que presenta, entre otras, las siguientes características: equilibrio y armonía en la integración de tendencias y valores, suficiente estabilidad psicológica y afectiva, capacidad para tomar decisiones prudentes, rectitud y objetividad en el modo de juzgar los acontecimientos y las personas, dominio del propio carácter, fortaleza de espíritu, constancia, normal interiorización de las virtudes más apreciadas en la convivencia humana y aptitudes de sociabilidad que permitan relacionarse con los hombres.
4.2.3 Uno de los objetivos más importantes de la formación humana consiste en que el seminarista vaya adquiriendo, mediante el encuentro transparente consigo mismo, con los formadores y con la familia del seminario, un conocimiento adecuado de su propia persona. Cuando se alcanza este conocimiento es posible desarrollar las propias virtudes y corregir las limitaciones.
4.2.4 Capacidad crítica. Para que el seminarista consiga una madurez humana, que se eduque y adquiera una capacidad de análisis crítica y constructiva. El Seminario debe favorecer el nacimiento de una actitud básica de apertura a la realidad, que ayude tanto a aprender y a asimilar como a modificar, si es preciso, las propias convicciones personales. Ha de capacitar al seminarista para que pueda realizar un análisis lúcido y verdadero de la realidad y a elaborar síntesis.
4.2.5 Afectividad y sexualidad integradas. En todo el proceso de maduración de los candidatos al sacerdocio merece una tención especial la educación de la afectividad y de la sexualidad porque, como presbíteros, están llamados a vivir el celibato. Esta preparación debe garantizar aquella madurez afectiva que nace del convencimiento del puesto central del amor, en la existencia humana y cristiana. Desde el amor, así entendido, adquieren todo su valor el cuerpo humano, la sexualidad, la virtud de la castidad y el mismo celibato.
4.2.6 Comprensión del celibato. En efecto, el celibato se asienta sobre la elección de una relación personal más íntima y completa del presbítero con Cristo y la Iglesia en beneficio de toda la humanidad, y no supone una violencia a la naturaleza humana ni consiste simplemente en la mera opción que proporciona una mayor agilidad y eficacia pastoral, sino que es precisamente un cauce singular de realización del amor.
4.2.7 Virtudes humanas. Los principales valores y virtudes humanas que han de cultivar los futuros presbíteros son, entre otro, los siguientes: la sinceridad y el amor a la verdad, la fidelidad a la palabra dada; el equilibrio emocional y afectivo: la capacidad de diálogo y comunicación, de perdonar y saber rehacer las relaciones, de colaboración, silencio y soledad, de animación; la aceptación de personas y modos de pensar distintos; la humildad como aceptación de las propias limitaciones, moderación de las aspiraciones; el sentido a la amistad, de la justicia; la responsabilidad y uso recto de la libertad; el espíritu de servicio y de disponibilidad; el desprendimiento y la comunicación de bienes; la laboriosidad, la creatividad e iniciativa en la acción; la austeridad, la firmeza y la constancia; la moderación y corrección en el vestir, en el hablar y actuar.
4.2.8 La formación de un futuro Presbítero es familiar, puesto se comparte un proyecto en vida común. La formación para la vida comunitaria es un elemento básico para la mutua relación entre las distintas dimensiones de la formación. El seminarista educa su sentido de responsabilidad personal y familiar en el Seminario, no solo porque toda educación cristiana se desarrolla en un ámbito eclesial, sino también por la referencia a la Iglesia, propia y esencial, del ministerio pastoral al que está llamado.
4.2.9 Vida de fraternidad. La vida del Seminario exige a los futuros Presbíteros la fraternidad mutua: el diálogo, la comunión de bienes, la ayuda a los más débiles, la alegría compartida, la búsqueda del bien común aún a costa de renunciar a la propia voluntad, la unidad de régimen, el trabajo conjunto. Esta vida familiar educará la capacidad de establecer las relaciones de comunión propias de los presbíteros: la cooperación u obediencia sincera y cordial con el Obispo; la colaboración y fraternidad con sus hermanos en el Presbiterio, del que va a formar parte, de atención privilegiada a los enfermos, afligidos, cargados en exceso de trabajo y solitarios; el trato cercano y fraterno con los fieles. De este modo el Seminario formará futuros pastores aptos para adoptar diversas formas de colaboración y vida común y para ser constructores de solidaridad.
4.2.10 La familia del Seminario habrá de ser, pues, acogedora y hospitalaria, abierta y sensible para captar los problemas y preocupaciones de los hombre, de la sociedad y de la Iglesia, y hacer de ellos motivo de reflexión y de oración.
4.2.11 Han de relacionarse también estrechamente con los miembros de Instituciones de Vida Consagrada y los de las Sociedades de Vida Apostólica, con quienes habrán de compartir después, como Presbíteros, no sólo proyectos y compromisos de evangelización, sino el radical seguimiento de Jesús. La vida familiar tenderá a crear una actitud de comunión con otros pueblos e Iglesias locales más necesitadas. Es importante que en la vida del Seminario se valore e impulse la presencia de personas y experiencia evangelizadoras, misioneras y ecuménicas.
4.2.12 Son medios fundamentales, para la formación humana, entre otros, los siguientes:
· El proyecto personal de vida de cada seminarista de acuerdo con el Proyecto formativo de la comunidad del Seminario;
· La educaciones la libertad y en la responsabilidad;
· La meditación y el examen de conciencia;
· Una vida sobria, austera y disciplinada que se programa y revisa con transparencia;
· El intercambio y comunicación en la misma vida comunitaria del Seminario;
· El discernimiento periódico y progresivo en diálogo con los Formadores;
· La atención a la salud y al desarrollo físico: deporte, descanso, etc.;
· Educación para la castidad y as virtudes;
· Apertura a la realidad a través de los medios de comunicación, educando una prudente valoración crítica;
· Preparación para la amistad sincera.
4.2.13 Aquel seminarista que no presente aptitudes necesarias ״para la vida comunitaria ofrece serias dudas para su admisión a las Sagradas Ordenes״.
4.3 Dimensión espiritual
4.3.1 La formación espiritual dignifica y fundamenta todas las demás dimensiones y objetivos de la formación del seminarista. Una verdadera y sólida espiritualidad evitará actitudes y prácticas dualistas, evasiones espirituales, la dispersión por el activismo, la reducción al funcionalismo, la superficialidad, el vacío o la pérdida de sentido.
4.3.2 El Seminario, como familia eclesial, tiene su centro y fundamento en la celebración eucarística. ״Ninguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su raíz y quicio en la celebración de la santísima Eucaristía por la que debe, consiguientemente, comenzarse toda educación en el espíritu de comunidad״. La Eucaristía, centro y fuente de la vida cristiana, personal y de la Iglesia, se constituye, por su celebración y participación diaria, en el sustento básico de la vida espiritual del Seminario. Ha de cuidarse también en el Seminario el culto eucarístico fuera de la celebración. Se promueva la celebración de la Eucaristía en quechua y otras lenguas nativas, en aquellos lugares que se hablen estas lenguas.
4.3.3 Los sacramentos de la iniciación cristiana incorporan a Cristo por obra del Espíritu Santo. La formación espiritual consiste en la educación de la vida en el Espíritu. De este modo el seminarista, en su mismo crecimiento como cristiano, irá adquiriendo las virtudes y hábitos propios de la vida presbiteral.
4.3.4 El Seminario promoverá y facilitará los medios para el necesario proceso de conversión personal, especialmente mediante la celebración frecuente del sacramento de la Penitencia. Junto al sano sentido del pecado y a la experiencia gozosa del perdón, se procurará una vida ascética y sacrificada, que facilita la donación radical de sí mismo, propia del sacerdote.
4.3.5 La Palabra de Dios ha de ser leída, estudiada y asiduamente meditada por el seminarista para facilitar el itinerario de su conversión, alimentar su vocación, asimilar los criterios de fe como criterios de vida y para no ser ״predicadores vacíos de la Palabra, que no la escuchan por dentro״; ״a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos su Palabra״.
4.3.6 La vida litúrgica es el lugar privilegiado en el que crece y se desarrolla la formación espiritual, ya que constituye ״una inserción vital en el misterio pascual de Jesucristo muerto y resucitado, presente y operante a los sacramentos de la Iglesia״. Cuando la celebración litúrgica está cuidada con esmero, proporciona un medio de preparación práctica para el ministerio del culto y de la santificación, pero, ante todo, ofrece la experiencia de comunión con Dios, que es fundamento de toda la vida espiritual. Una correcta formación litúrgica busca que esta comunión con Dios, recibida como don en la celebración, interpele la libertad personal para que sea vivida en las decisiones, actitudes y acciones de la vida diaria.
4.3.7 El seminarista irá configurando su espiritualidad al ritmo del Año Litúrgico para ״conmemorar así los misterios de la redención״, y, puesto en contacto con ellos, ״poder llenarse de la gracia de la salvación״. Se ha de tener muy presente ״el domingo es el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico״, de forma que el Seminario procurará darle todo el carácter festivo y solemne que le corresponde. El adviento y el ciclo de navidad, la cuaresma y el triduo pascual han de ser particularmente cuidados en la vida del Seminario. La solemnidad del Señor, el culto a María y ״el recuerdo de los mártires y de los demás santos״ se les dará la importancia que merecen.
4.3.8 El seminarista irá iniciándose en la celebración de la Liturgia de las Horas a fin de ir experimentando el gozo de alabar a Dios y de orar por todos los hombres en el nombre de la Iglesia. La liturgia de las horas, en cuanto oración de la Iglesia, es, a la vez, fuente y alimento de la oración personal. Es muy conveniente que la celebración diaria de laúdes y vísperas se realice comunitariamente. De la misma manera, y en ambiente de oración, los seminaristas podrán iniciarse personal y comunitariamente en la ״lectio divina״ que luego nutrirá su oración apostólica y apostolado sacerdotal.
4.3.9 Oración personal. ״La formación espiritual ha de darse de forma que los seminaristas aprendan a vivir en trato familiar y asiduo con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu״. La oración personal es un ״valor y exigencia primarios de la formación espiritual״. Es una forma eminente de acogida y respuesta a la Palabra de Dios. Será preciso que el seminarista tenga una iniciación adecuada y dedique a ella diariamente un tiempo para adquirir el hábito de oración. Ha de valorarse el silencio exterior e interior como momentos, no sólo para el estudio y el descanso, sino también como tiempos especialmente abiertos a la escucha y al diálogo con Dios.
4.3.10 La Oración : Es también una experiencia importante para ser asimilada en el Seminario, pues en ella se comunica, acrecienta y enriquece la fe y la vocación.
4.3.11 La Virgen María ha de ocupar en la espiritualidad del futuro presbítero la importancia que demanda nuestra fe. El culto a María procede de una fe auténtica, y cultiva ״el amor y la veneración hacia aquella a la que Cristo, muriendo en la Cruz, entregó como madre al discípulo״. Por ello se ha de promover el rezo del rosario y otras celebraciones de devoción mariana.
4.3.12 Vida en el Espíritu. La formación dada en el Seminario fomentará la apertura al Espíritu, la obediencia a sus llamadas y la docilidad a su acción. El seminarista podrá discernir e interpretar adecuadamente, en su vida y en los acontecimientos de la vida de los hombres, los signos de Dios en los tiempo.
4.3.13 Camino de Santidad. El seminarista está llamado a la búsqueda de la santidad en el estado sacerdotal: porque, ״en virtud del Espíritu participa de la infinita santidad de Dios que lo llama, elige y envía. Así, el Espíritu del Señor se manifiesta como fuente de santidad y llamada a la santificación״.
4.3.14 Sentido Eclesial. El amor al misterio de la Iglesia, misterio de comunión y misión, dará forma a toda la vida espiritual del seminarista. ״En la medida en que se ama a la Iglesia se posee el Espíritu Santo״. La comunidad del Seminario ha de dar testimonio de la unidad. La formación espiritual ha de procurar que los seminaristas, como futuros pastores, se preparen ya para ״estar unidos con caridad humilde y filial al Romano Pontífice, sucesor de Pedro, se adhieran al propio Obispo como fieles cooperadores, y trabajen juntamente con sus hermanos״. La vinculación afectiva y efectiva a la diócesis y a la Iglesia universal ayudará a ser constantes, leales y fieles al Magisterio de la Iglesia. Que, luego, desembocará en una formación urgida ״por la búsqueda del bien espiritual de toda la diócesis״ y por la expansión ״de la caridad hasta los últimos confines de la tierra״.
4.3.15 Inserción diocesana. Al seminarista se le iniciará y capacitará para vivir la espiritualidad del presbítero diocesano secular. El cultivo de esta espiritualidad garantiza la coherencia y unidad en la formación espiritual.
4.3.16 Conviene señalar algunas virtudes propias de la espiritualidad del sacerdote diocesano, conforme al espíritu de las bienaventuranzas, que el Seminario tratará de cultiva en su tarea formativa:
· La obediencia apostólica, mediante la cual imitando a Cristo Jesús en el cumplimiento de la voluntad del Padre, se sirve en la estructura jerárquica, se vincula fraternalmente al presbiterio y se entrega de corazón a las exigencias pastorales.
· La pobreza evangélica, que hace más nítida y vital la configuración sacramental con Cristo Cabeza y Pastor, enviado especialmente a los pobres. El sacerdote diocesano debe vivirla con desprendimiento, con un confiado abandono en las manos de Dios, con austeridad y preparados para saber compartir.
· La castidad que posibilita al pastor la experiencia y la manifestación de un amor sincero a Dios y a los hombres, humano, fraterno, personal y sacrificado a ejemplo de Cristo.
· La fidelidad para asumir de modo irrevocable el ministerio y sus compromisos.
· La disponibilidad y actitud profunda para el perdón y misericordia.
· El espíritu de sacrificio para soportar con esperanza las dificultades de la vida y del mismo trabajo pastoral, identificándose así a Cristo crucificado.
· La alegría para vivir e irradiar el gozo pascual de ser testigos de Cristo resucitado.
4.3.17 Dirección Espiritual. El acompañamiento y la orientación espiritual personalizada y frecuente es otro de los servicios imprescindibles que ha de prestar el Seminario al futuro presbítero. Por parte del seminarista es necesaria la transparencia de espíritu ante el Director Espiritual como un signo de la caridad en sus relaciones con el Señor y también de la actitud de sinceridad, de rectitud de intención, y amor a la Iglesia. El Director Espiritual ayudará al seminarista a formar su conciencia, a discernir su vocación y a ir modelando la imagen de Jesucristo.
4.3.18 Preparación a la órdenes sagradas. Son un momento culminante de todo el proceso formativo recibido en el Seminario. Requieren, por tanto, como preparación inmediata, un tiempo fuerte de oración, reflexión y meditación sobre sus respectivos significados así como sobre los compromisos que se adquieren. El rito de admisión y la recepción de los ministerios del lectorado y acolitado exigen una preparación adecuada que ayude a comprender mejor sus significados y ״la espiritualidad requerida para el ejercicio de cada uno de los ministerios״.
4.3.19 En la formación espiritual ha de descubrirse también que la práctica pastoral es una fuente de espiritualidad. Por eso se ha de cuidar, programar y evaluar cuidadosamente la actividad pastoral con relación a la vida espiritual del futuro pastor. De este modo la actividad pastoral habrá de ser tema de permanente comunicación y oración en la vida del Seminario.
4.4 Dimensión intelectual
4.4.1 El estudio en el seminario. La formación intelectual reclama una seria dedicación que debe centrar la atención y el tiempo del alumno en sus años de formación. La dedicación al estudio constituye el trabajo específico que los seminaristas deben realizar durante los años de su preparación al ministerio, como respuesta generosa y consciente a la familia diocesana, que les facilita los medios necesarios para ello y con la responsabilidad de quienes pretenden dedicar su vida al servicio del Evangelio. En insustituible un ambiente de estudio sereno y reposado. Por eso se ha de evitar la tentación de conceder dedicación absorbente a otras ocupaciones de apariencia más pastoral, abandonando una de las vertientes más fundamentales del compromiso vocacional: la seria entrega a su capacitación Filosófica y Teológica.
4.4.2 Finalidad primera es la conducción a la fe. La formación Teológica debe corresponder a la naturaleza misma de la Teología, es decir, ha de provenir de la fe y conducir a la fe. En consecuencia debe favorecer una adhesión más plena a Jesucristo en la Iglesia local. La formación Teológica y Espiritual se refuerzan así mutuamente.
4.4.3 Fidelidad a la Palabra y al hombre. La formación Teológica de los candidatos al sacerdocio ministerial exige, ante todo, la fidelidad a la Palabra de Dios, ״escrita en el Libro Sagrado, celebrada y transmitida en la Tradición viva de la Iglesia e interpretada auténticamente por su Magisterio״. Al mismo tiempo exige fidelidad al hombre histórico y concreto, a quien se ofrece el Evangelio como Palabra de Salvación. La enseñanza de la Teología Dogmática, fundada siempre en la Palabra de Dios escrita, juntamente con la sagrada Tradición y bajo la guía del Magisterio, han de proporcionar a los alumnos un conocimiento profundo de los misterios de la salvación, teniendo como maestro principal a Santo Tomás.
4.4.4 Sentido crítico. El estudio de la Filosofía y de las ciencias humanas y la formación de un pensamiento crítico son condiciones indispensables en la formación intelectual de los futuros sacerdotes. Ello les capacita, tanto para el estudio de la Teología, como para dar razón de la fe de la Iglesia en el contexto contemporáneo y responder a los interrogantes que plantean los hombres de nuestro tiempo.
4.4.5 La índole pastoral que han de tener los estudios del futuro sacerdote exige que éstos, y particularmente la Teología, se oriente a preparar pastores para nuestro tiempo. No se debe reducir la exigencia, la dedicación al estudio, aún en el caso de candidatos con escasa formación básica.
4.4.6 Debe considerarse necesaria la dimensión de la evangelización de las culturas y de la inculturación del mensaje de la fe, de acuerdo con los principios católicos de la inculturación, inspirados en la encarnación del Verbo y en la antropología cristiana. La formación intelectual enseñará como el Evangelio penetra vitalmente las culturas y eleva sus valores.
4.4.7 Deseo de búsqueda y formación permanente. Habrá que despertar en los alumnos el gusto por la Filosofía, la Teología, el deseo de búsqueda e investigación científica y el estudio constante. Deberá promoverse un tipo de educación en perspectiva a los seminaristas métodos e instrumentos de trabajo y de actualización constante. Así aprenderán a capacitarse con creatividad por sí mismos y de cara al futuro.
4.4.8 La naturaleza específica de la formación de los candidatos al sacerdocio exige una adecuada estructuración de los estudios.
4.4.9 Los estudios de Filosofìa centran los contenidos en:
· La Sagrada Escritura: exégesis, hermenéutica y teología bíblica, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.
· La Liturgia, a la que se dará todo el relieve requerido, como fuente primera y necesaria del espíritu verdaderamente cristiano según el sentido del Concilio Vaticano II.
· La Patrología y la Patrística cuyo objetivo consiste en delinear el cuadro de la teología y de la vida cristina en la época de los Padres dentro de su realidad histórica en relación con la sagrada tradición de la Iglesia.
· La historia de los Dogmas, que en realidad debe ser una dimensión de la teología sistemática, expone la evolución que experimenta el conjunto de la predicación y del Magisterio eclesial en el conocimiento de las verdades reveladas; muestra la actualización, profundización e interpretación de la Revelación divina a lo largo de los siglos de Tradición viva de la Iglesia; incluye: historia del dogma en su totalidad, historia de cada uno de los dogmas, evolución del Magisterio de la Iglesia e historia de la teología.
· La Teología Sistemática – dogmática y moral – conforme a las exigencia de su propio método, ha de ofrecer una explicación dogmática e integra de la doctrina católica, en relación con y dentro de la historia de los dogmas, abierta siempre a las exigencias de la formación espiritual y pastoral de los candidatos al ministerio presbiteral.
· La teología pastoral se debe impartir con especial interés, ya como dimensión inherente a todas las material teológicas, ya como ciencia que interpreta y estimula las genuinas instancias del ministerio pastoral y oriente su cumplimiento en las circunstancias actuales según las exigencias de la fe, a la luz de la revelación.
· Otras materias teológicas: La Misionología, que formará la conciencia misionera de los futuros sacerdotes, para que puedan así comunicar la luz plena de la verdad a los que no la tienen, la teología de la vida espiritual, que ayudará a descubrir las etapas de la vida espiritual y las principales escuelas de la espiritualidad; el derecho canónico, orientado a ayudar a los futuros presbíteros en el ejercicio de los deberes y derechos de las personas físicas y las instituciones, al servicio de las relaciones orientadas y justas dentro de las comunidades; la historia de la Iglesia, que asegurará a los seminaristas los conocimientos necesarios para la comprensión de la fe y de la vida de la Iglesia, les proporcionará criterios de discernimiento y alimentará el sentido de Iglesia; la historia y la teología de las confesiones cristianas.
4.3.10 Los seminaristas y Centros de Estudios Eclesiásticos deberán tener bibliotecas especializadas y bien equipadas, al servicio de las exigencias de la formación intelectual de los seminaristas y proporcionarles a éstos instrumentos técnicos necesarios para mejorar la base instrumental requerida para los estudios filosóficos y teológicos, aprendizaje de lenguas clásicas y modernas, promoción y organización de otras actividades culturales académicas o de extensión académica (conferencias, mesas redondas, etc.)
4.5 Dimensión pastoral
4.5.1 Importancia de la formación pastoral. Como ya se ha señalado, la razón de ser del Seminario es formar pastores. En consecuencia, todo debe apuntar a que el seminarista aprenda a reproducir el modo de vivir y actuar de Cristo Pastor en el ejercicio del ministerio. La formación pastoral precisará el modo en que estas actividades han de realizarse, en función de las situación actual del mundo y de la Iglesia.
Una adecuada formación pastoral ha de educar pastores que actúen apostólicamente, esto es, motivados por el ansia de salvación de los hombres en Cristo; que respeten la dignidad de las personas y la acción de dios en ellas; que trabajen con realismo y conciencia eclesial; que cooperen con el desarrollo de las comunidades y la evangelización de los ambientes, asuman y promuevan cuanto haya de válido y evangelio en la religiosidad popular.
4.5.2 Experiencia pastoral, objetivos y características. Se ha de favorecer que el seminarista colabore gradualmente en los diversos campos de apostolado, para que exprese y manifieste en ellos un amor sincero, humano, fraterno, personal y sacrificado hacia todos y cada uno de los hombres y mujeres con los que trabaja.
Este objetivo fundamental se concreta, a su vez, en otros objetivos más particulares: experimentar todo lo que es y todo lo que implica realmente la vida y el ejercicio del ministerio presbiteral, para poder así verificar de modo realista la solidez de su vocación pastoral; iniciar una paulatina adaptación al nuevo régimen de vida fuera del seminario, y una serena y activa inserción en la actividad pastoral; profundizar en la espiritualidad propia del Presbítero diocesano; vivir la dimensión familiar de la vida y del ministerio sacerdotal. Merece especial atención la parroquia, por su riqueza eclesial, entre los lugares y servicios adecuados para la experiencia pastoral.
En general las experiencias pastorales concretas deben tener las siguientes características: ser asumidas progresivamente, contribuir a un verdadero aprendizaje pastoral y ser proporcionadas a las posibilidades del seminarista y a su situación personal.
4.5.3 La formación pastoral de los seminaristas comprende dos niveles complementarios: el teórico y el práctico. El teórico, incluye el estudio de las materias directamente relacionadas con el ejercicio pastoral. Además implica la realización y revisión de experiencias y acciones pastorales concretas. La formación pastoral, teórica y práctica, debe ser correctamente articulada con otras dimensiones de la formación del seminarista en el proyecto personal de vida, guardando todas ellas entre sí unidad y armonía.
El seminarista alcanzará esta articulación apoyándose en la fuente interior que es ״la comunión cada vez más profunda con la caridad pastoral de Jesús״. La formación pastoral, en efecto, más que el aprendizaje de métodos y sistemas, busca la reproducción del aquel modo de estas entre los hombres que caracterizó a Cristo, Buen Pastor.
4.5.4 Se ha de capacitar a los seminaristas para estar atentos a los cambios que experimentan la sociedad y la Iglesia. La constante renovación de la Iglesia y la contribución eclesial a la edificación del mundo exigen este contraste con la formación de los futuros pastores. En él aprenderán a discernir e interpretar las diversas condiciones y necesidades de la vida humana, iluminándolas desde el Evangelio, liberándolas y conduciéndolas a Dios. Se ha de garantizar que el seminarista sea capaz de reflexionar con rigor y aprenda a realizar análisis serios y concretos sobre la realidad social y cultural. Igualmente debe tener una formación teórica sólida para evitar improvisaciones.
4.5.5 Ministerio de la Palabra. En la formación del futuro pastor ha de cuidarse con el máximo esmero su capacitación para el ministerio de la Palabra. Ha de procurarse que su formación como ministro de la Palabra esté debidamente orientada y conjugada con la prácticas pastorales, de modo que pueda evangelizar con la palabra y con la conducta y que se prepare para el diálogo con los hombres de su tiempo, tanto en el período de formación inicial, como después en el ejercicio de su ministerio. Una sólida capacitación para la homilética y la catequesis, no sólo con los niños, sino también con los jóvenes y adultos y una adecuada preparación en el arte de comunicar, motivar y exponer.
4.5.6 Culto y liturgia. Se ha de preparar al seminarista ״para el ministerio del culto y de la santificación, a fin de que orando y celebrando las sagradas funciones litúrgicas, ejerza la obra de la Salvación por medio del sacrificio eucarístico y los sacramentos״.
4.5.7 Comunión eclesial y trabajo con laicos. Es fundamental que el seminarista en cuanto futuro ministro de la comunión eclesial, se ejercite en desempeñar tal función desde un espíritu de servicio, corresponsabilidad y atención a los pobres y débiles, emigrantes y enfermos, preocupado por formar auténticas comunidades cristianas adultas y sin someterse a ninguna ideología o parcialidad humana; evitando actitudes de clericalismo. El trabajo apostólico con los laicos resulta hoy de una importancia singular en la formación de los seminaristas acerca de los problemas relativos al matrimonio y a la familia.
4.5.8 Dirección Espiritual. Ha de buscarse una capacitación suficiente del futuro pastor para el acompañamiento pastoral y la Dirección Espiritual. Este ministerio requiere en quien lo ejerce el hábito de la docilidad al Espíritu y supone, además de la cultura teológica y humanística, una gran capacidad de acogida, escucha, respeto, disponibilidad y diálogo.
4.5.9 Quien está destinado a ser responsable de una comunidad ha de saber tratar correcta y responsablemente los asuntos jurídicos y económicos, calibrando su importancia pastoral y la trascendencia que tienen también en el ámbito civil.
4.5.10 Artes También habrá de ser formado en la capacidad evangelizadora que pueden aportar las bellas artes, las expresiones y obras artísticas y culturales, así como en el cuidado y promoción del patrimonio artístico, cultural y documental de la Iglesia.
4.5.11. Doctrina Social. Además de la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia, recibida en el ámbito académico, si aplicación se le orienta mediante reuniones de formación en el Seminario.
4.5.12 Comunicación Social. Fomentar el acceso crítico a los Medios de Comunicación Social como fuente de conocimiento y de reflexión sobre el acontecer social y eclesial. Igualmente se facilitará el adiestramiento en el uso correcto de los instrumentos y técnicas de expresión y comunicación, incluyendo la informática; hasta el punto de que puedan ser buenos comunicadores y guías de otros.
4.5.13 Revisión de las experiencias pastorales. De acuerdo a un calendario previamente fijado, se tendrán también jornadas periódica de evaluación, con el fin de revisar oportunamente cómo está caminando la experiencia (objetivos, uso de los medios, responsabilidades, relación humana del equipo pastoral, frutos y dificultades) y poder hacer sobre la marcha los ajustes y rectificaciones que se estimen necesarios. Pero, sobre todo, es decisivo que el Párroco los acompañe y oriente, tanto en la programación de la experiencia como en las sucesivas evaluaciones.
4.5.14 Toda la formación y la actividad pastoral ha de ser programada y evaluada, con la ayuda del responsable del área pastoral, con la ayuda del equipo de formadores del Seminario en diálogo con los seminaristas y en estrecha colaboración con los responsable de los campos de acción pastoral.
4.5.15 Una vez terminada la experiencia, es muy importante que los sacerdotes que la hayan acompañado de cerca envíen al rector un informe escrito acerca de la idoneidad y aptitud de cada uno de los candidatos. Como es evidente, este informe deberá ser hecho con total y plena sinceridad, para que pueda brindar una ayuda realmente significativa al rector, el candidato al sacerdocio, y a la Iglesia diocesana. El proceso de formación pastoral, ha de introducir a los futuros presbíteros ״en la tradición pastoral viva de la Iglesia particular״; al mismo tiempo les ״abrirá el horizonte de su corazón y su mente a la dimensión misionera de la vida eclesial״. La inserción en la diócesis requiere el conocimiento de la realidad diocesana, de su plan pastoral y el espíritu de colaboración con los presbíteros. La apertura misionera comporta el interés por la Iglesia universal e incluso la disponibilidad para ayudar a las Iglesias particulares necesitadas.
4.5.16 El Seminario ha de procurar que la formación pastoral práctica de los seminaristas se realice en comunidades y ámbitos que tengan muy presente las orientaciones de la Iglesia, pues el sentido eclesial del ejercicio del ministerio exige que la formación pastoral facilite la vivencia, en la actividad misma, de la Iglesia como misterio, comunión y misión.
4.5.17 El logro de los objetivos que acabamos de señalar dependerá en gran medida de la seriedad con que se realice la experiencia pastoral. Ello quiere decir que ésta no puede quedar, única y exclusivamente, a merced de la buena voluntad de los responsables y de los mismos candidatos, que siempre se supone. A ella habrá que añadir, además una cierta disciplina organizada, según una adecuada programación de la vida y del ministerio pastoral de los candidatos.
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