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Sunday, 13 de May de 2007
EL PAPA REAFIRMA LA OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES
(Nota de prensa)

(Cecilia Tovar, Servicio Informativo CRP, CNR, IBC.) “la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza”, dijo el Papa a los obispos de América Latina y el Caribe y lo dijo no en el párrafo consagrado a los problemas sociales del continente, sino en aquel que trata de la primacía de la fe en Cristo. Así no sólo respaldó lo medular del camino de la Iglesia en América Latina, sino que le dio el estatus teológico que le corresponde.

El discurso es de una enorme riqueza y trascendencia, por lo que en este primer comentario sólo podemos resaltar algunos aspectos. No encontramos palabras condenatorias de la reflexión teológica del continente, como algunos esperaban, sino sólida reflexión y llamado a responder a los desafíos actuales a la fe en América Latina, que son dos: “el desarrollo armónico de la sociedad y la identidad católica de sus pueblos”. (1)

Marcando la continuidad de las cinco conferencias, Benedicto XVI constata que tras Santo Domingo, en 1992, muchas cosas han cambiado(2): la globalización, en ciertos aspectos un logro, pero con “el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo”; la evolución hacia la democracia y el peligro del autoritarismo, la economía liberal que ocasiona que “sigan aumentando los sectores sociales que se ven probados cada vez más por una enorme pobreza o incluso expoliados de sus bienes naturales”. También se refiere a la situación de la fe, más madura en muchos laicos, pero debilitada en la sociedad. Todo esto exige “una renovación y revitalización” de la fe en Cristo para “vivir de manera responsable y gozosa la fe e irradiarla así en el propio ambiente.

El siguiente acápite (3) del discurso está dedicado, como dijimos, a la fe en Cristo, que no es “una fuga hacia el intimismo, hacia el individualismo religioso”, ya que todos los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis fracasan en la solución de los problemas sociales, políticos y económicos. Tras sus palabras sobre la opción por los pobres, el Papa trata de cómo conocer a Cristo: la respuesta es la “roca de la Palabra de Dios”, y la catequesis, que debe intensificarse, que comprende también una “catequesis social” que forme en la doctrina social de la Iglesia. “Hay que recordar, dice el Papa, que la evangelización ha ido unida siempre a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana”.

A continuación afirma que “Los pueblos latinoamericanos y caribeños tienen derecho a una vida plena, propia de los hijos de Dios, con unas condiciones más humanas: libres de las amenazas del hambre y de la violencia. Para estos pueblos, sus Pastores han de fomentar una cultura de la vida que permita, como decía mi predecesor Pablo VI, ‘pasar de la miseria a la posesión de lo necesario’…” dice citando el conocido pasaje de Populorum Progressio, que “invita a todos a suprimir las graves desigualdades sociales y las enormes diferencias en el acceso a los bienes”. Es en este contexto que habla de la Eucaristía, que permite descubrir a Cristo como “el Viviente que camina a nuestro lado, descubriéndonos el sentido de los acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la alegría y de la fiesta”. “El encuentro con Cristo en la Eucaristía suscita el compromiso de la evangelización y el impulso a la solidaridad; despierta en el cristiano el fuerte deseo de anunciar el Evangelio y de testimoniarlo en la sociedad para que sea más justa y humana”. Como vemos, es esta integralidad la que constituye la vida cristiana para Benedicto XVI, y no se puede por lo tanto reducir la tarea de la Iglesia solamente a lo “religioso” en sentido estrecho; quienes eso pretenden no son fieles a la doctrina católica.

Viene entonces una pregunta central: “¿cómo puede contribuir la Iglesia a la solución de los urgentes problemas sociales y políticos, y responder al gran desafío de la pobreza y de la miseria?... la cuestión fundamental sobre el modo como la Iglesia, iluminada por la fe en Cristo, deba reaccionar a estos desafíos, nos concierne a todos”. Como vemos, no está en cuestión si la Iglesia debe o no contribuir, sino cómo hacerlo. No se puede responder a esta cuestión solamente con actividades de ayuda o asistencia, pues, como dice Benedicto XVI, “En este contexto es inevitable hablar del problema de las estructuras, sobre todo de las que crean injusticia. En realidad, las estructuras justas son una condición sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad” (4).

Aquí viene una toma de posición muy importante que citamos extensamente: “Tanto el capitalismo como el marxismo prometieron encontrar el camino para la creación de estructuras justas… Y esta promesa ideológica se ha demostrado que es falsa. Los hechos lo ponen de manifiesto. El sistema marxista, donde ha gobernado, no sólo ha dejado una triste herencia de destrucciones económicas y ecológicas, sino también una dolorosa opresión de las almas. Y lo mismo vemos también en occidente, donde crece constantemente la distancia entre pobres y ricos y se produce una inquietante degradación de la dignidad personal con la droga, el alcohol y los sutiles espejismos de felicidad”.

Luego insiste en que esas estructuras justas requieren un consenso en la sociedad, que sólo puede partir de valores éticos, y que la fe refuerza. Volviendo a uno de sus temas preferidos dice que “Donde Dios está ausente –el Dios del rostro humano Jesucristo- estos valores no se muestran con toda su fuerza, ni se produce un consenso sobre ellos”.
Añade ricas observaciones sobre el modo de buscar racionalmente este consenso, sobre la “sana laicidad –incluso con la pluralidad de las posiciones políticas- esencial en la tradición cristiana auténtica”, y explica que “el trabajo político no es competencia inmediata de la Iglesia”. “La Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres, precisamente al no identificarse con los políticos ni con los intereses de partido. Sólo siendo independiente puede enseñar los grandes criterios y los valores inderogables, orientar las conciencias y ofrecer una opción de vida que va más allá del ámbito político. Formar las conciencias, ser abogada de la justicia y de la verdad, educar en las virtudes individuales y políticas, es la vocación fundamental de la Iglesia en este sector”. Y menciona a continuación la responsabilidad de los laicos en la vida pública: “deben estar presentes en la formación de los consensos necesarios y en la oposición contra las injusticias”, dice, llamando a más voces e iniciativas de laicos católicos en el ámbito político, comunicativo y universitario.

Puede leer el discurso completo en www.perudiscipulo.com

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