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“Lo reconocieron al partir el pan” - Lc.24,13-35
“Caminaban muertos, junto a un viviente. Caminaban, muertos, junto a la vida. Junto a ellos caminaba la vida” (San Agustín)
Muchas veces en la vida, caminamos como los discípulos de Emaús, tristes, como muertos en vida. Desilusionados. Parece que todo hubiera terminado con la cruz. Iban discutiendo ¿qué pasó con el libertador de Israel?. ¡Qué pasó que no viniste en nuestra ayuda cuando más te necesitábamos!, parece que le reprocháramos a Jesús: ¿Eres el único que no se da cuenta de nuestra situación?.
Mira cómo sufren nuestros pueblos las consecuencias de las lluvias, la cosecha se pierde, los puentes tambalean. ¿Y tú que haces?.
¡Qué torpes y necios son ustedes para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que yo sufriera por ustedes para que tengan vida, fe, esperanza y estén prevenidos?. Y Jesús sale a nuestro encuentro, porque El quiere ser tu amigo, tu compañero de camino.
Y comienza a iluminarte con su Palabra de Vida, para que tú ames, valores y defiendas tu vida y la de tus hermanos. Mira hijo, hermana, hermano, yo estoy siempre contigo hasta el fin de los tiempos. Pero tú tienes que ser previsor y vigilante con tus autoridades y con tu misma organización para prevenir los huaycos, los desbordes de los ríos, porque se necesita previsión y las cosas bien hechas con honestidad, dedicación, de servicio solidario y compartido con tu pueblo.
Yo soy la Verdad que te hace libre, si tú te empeñas en compartir tus conocimientos y el prevenir para no lamentarnos, sino para que haciendo cada día las cosas bien hechas, mejoremos todos en una mejor calidad de vida y de respeto por la dignidad, en especial de los más excluidos como los hermanos del campo.
Yo soy el camino. Y quiero que tú camines con la luz de la verdad para que abras los ojos y seas mi testigo eficaz de la buena nueva.
Es posible que tú cambies y cambie la sociedad, si tenemos comunidades de familia bien firmes. Si me reconoces como los discípulos de Emaús, al partir el pan, se te abrirán los ojos. Porque mi gesto de partir el pan, es signo de amor, de comunión, de entrega a mi cuerpo viviente que es ese templo de la humanidad.
Los discípulos de Emaús, comenzaron de desandar el camino. Y de hombres miedosos, se convierten en valientes testigos de mi resurrección. ¡Ustedes pueden hacer lo mismo, desandar el camino del temor, del miedo, de la desesperanza y convertirse en mis testigos de vida, de fe y en discípulos eficaces de una buena noticia!.
Es verdad: Jesús es el Señor de la Vida, porque en El nuestra vida ha cambiado. Y de muertos se transformarán en vivientes de la vida, porque YO SOY EL QUE SOY, EL QUE CAMINA CONTIGO.(Fr. Héctor Herrera, o.p.)
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