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Mons. Bambarén consagrado
al servicio de los pobres
He intentado comprender la vida de un hombre polifacético, inteligente y de gran vitalidad humana y sólo lo he logrado viendo en él a un hombre unido muy íntimamente a Jesucristo, un hombre de Dios.
Hace medio siglo, Monseñor Luis Armando Bambarén, recibió la ordenación sacerdotal en Madrid el 15 de julio de 1958 y su primera misa coincidió con la fiesta de Nuestra Señora del Carmen, Patrona de la Diócesis y de la Catedral.
En el transcurso de estos 50 años de sacerdocio, de consagración a Dios y a su pueblo, ha tenido una fecunda labor evangelizadora; misión cumplida con creatividad, sentido eclesial, fundada en Cristo y orientada a la salvación integral de la persona humana.
Fue consagrado como Obispo en 1967 por el Cardenal Juan Landázuri y él se consagró como Obispo de los Pueblos Jóvenes, manifestando a ellos un amor predilecto como Jesucristo a los pobres, a los que luchan con dignidad por vivir en situaciones justas y humanas.
LOS POBRES SON EVANGELIZADOS
Trabajó con los pobres, vivió entre ellos, se identificó con su causa, hizo presente el Evangelio, y fundó esta nueva organización de convivencia humana: los Pueblos Jóvenes.
Fue un defensor de los desvalidos, amor hasta el extremo de afrontar situaciones adversas con un ministro del Gobierno Militar. Esos dos millones de habitantes de 300 pueblos jóvenes, le suplicaron al Santo Padre de entonces, Pablo VI, mantener a su pastor con ellos, con estas palabras:
“Monseñor Bambarén, Beatísimo Santo Padre, ha dado un maravilloso aliento cristiano a nuestras almas, nos ha enseñado la doctrina y nos ha inculcado la fe en Cristo, y con su indesmayable labor traducida en tantos resultados positivos; él ha dado razón y sentido cristiano a muchas de nuestras vidas. Y ha puesto en vida de realización integral a millares de nuestros hermanos. Pensó, diseñó e implementó a todo un gran equipo humano para acudir inteligente, humana y cristianamente a nuestro auxilio, no le interesó salvar su nombre, le interesó vivir en Cristo. Siempre nos dijo que “existir es vivir con otros y jamás excusó su participación social, pues nos advirtió que lo sobrenatural, Cristo, sólo será más cuando la generalidad disfrute de niveles de vida humanos”.
Mons. Bambarén es conciente que todo lo que es y su obrar se debe a Dios, a esa relación íntima de amigo. Dios lo bendijo con muchas cualidades y carismas, y los puso en práctica en las diferentes responsa-bilidades que le tocó asumir dentro de la Iglesia como de la sociedad.
Su trabajo, su vivir, lleno de ricas experiencias en diversos campos de la humanidad, lleva la impronta de la cualidad mística de todo hombre que ha conocido a Dios (1 Jn, 4,7) y ha descubierto el sentido de la vida; ser imagen y semejanza del Creador.

Cincuenta años de vivir las exigencias espirituales de San Ignacio de Loyola, su discernimiento es este largo proceso en la búsqueda de la verdad.
¡ Cuánta alegría, cuántos gozos, cuántos dolores y momentos de afrontar tragedias humana!
Brota una lágrima de dolor, de esperanza ante el martirio de sus sacerdotes abatidos por el odio y la violencia
¡Que Dios siga bendiciendo su vida, la realización de sus nobles ideales y sus legítimas aspiraciones! El Pueblo de Dios, reconoce al Pastor y se une a su alegría, le agradece POR TODO, expresión que encierra su vida de servicio al pueblo de Chimbote, al que ama. (P. Juan Roger Rodríguez Ruíz)
“Hay que gastarse y
desgastarse por Cristo”
Es exquisito saborear el verbo fluido de un experto y veterano ciudadano, y más si aquél ha sido parte y motor de nuestra historia de fe. Sin duda no es un entrevistado para una sola pregunta, menos para cortas respuestas.
Por ello fuimos decididos a recorrer con él su pasado, medio siglo atrás, en sus inicios como sacerdote, cuando empezó a aflorar sus dones de líder conciliador, de infatigable promotor social y defensor, sin miedos, de la dignidad humana. Y es que Dios, dice, no ha dejado nunca de poner a los pobres en su camino.

Ya ordenado sacerdote aceptó en 1960 ir como voluntario misionero a Colombia (misión Tolima); donde logró unir a dos bandos revolucionarios opuestos, que no dudaban en matar al adversario si éste pasaba por sus terrenos. Bambarén se acercó a ellos, acogió sin acusar a los arrepentidos, y los reunió en una quebrada en torno a la Palabra en busca de la paz..
42 años después haría lo mismo, en el Perú: se reunió con ocho líderes de Sendero Luminoso, de quienes vino la orden de eliminar a nuestros mártires. Demostrando su caridad y con la gracia del perdón, los encaminó a la lectura de un pasaje bíblico, conversaron y les pidió la paz.
“Hay dos cosas que no he tenido: ni miedo ni cansancio, en situaciones de riesgo; por ejemplo, cuando mataron a los misioneros, pero en esa experiencia me ayudaron mucho los recursos espirituales y puse mi vida en manos del Señor”.
Ha sido criticado por muchos al intervenir en conflictos sociales y políticos. Y recuerda con amargura el título de “cura comunista” que recibió por defender a los pobres de Villa El Salvador.
Y de inmediato agrega: “No podemos estar ajenos a los problemas sociales que vive nuestro pueblo Y eso no es política, por que está de por medio la explotación, la justicia y la injusticia. Estamos llamados a solucionar estos conflictos, con los medios que tiene la Iglesia : el diálogo y la concertación. Es función de la Iglesia promover la paz, no sólo como carencia de balas sino trabajar para vivir con paz, tranquilidad y con justicia”, nos alecciona.
“Tengo la garantía que Dios me ayuda y que me ha ido llevando en situaciones especiales de servicio, especialmente a los pobres”, dice, recordando que primero el Papa lo nombra como Obispo de una gran barriada en Lima, donde no había ni luz, ni agua, ni caminos, gente en total abandono; luego pasa a Chimbote, donde la gente mayoritariamente es pobre. Y en los cargos asumidos, fue presidente del Departamento de la Pastoral Social en el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM); luego como presidente para América Latina de Caritas Internationalis y otros.
Pero también trabajó por la paz mediando huelgas y conflictos nacionales. Y en nuestra Diócesis, con la instalación del Tribunal de Honor para el sector pesquero en junio de 1985, fueron 25 años sin huelgas. También su intervención en San Jacinto, para acercar a los nuevos dueños con los pobladores del lugar.
Años antes ya había promovido el lema: “Me comprometo con Cristo y con Perú a ser constructor de la paz y defensor de la vida”, que como Obispo desperdigó personalmente en 1985 por los colegios de Chimbote, y que daría como fruto una fidelidad en los jóvenes en aquellos tiempos cuando los terroristas buscaban más adeptos.
De esos jóvenes, varios son ahora sacerdotes diocesanos; a quienes Mons. Bambarén recuerda con cariño, y les pide sigan unidos.
“Sería una frustración si ellos buscaran instalarse, les pido conserven su espiritualidad sacerdotal, dando buen testimonio a su pueblo”, dice.
“Hay que gastarse y desgastarse por Cristo. Ahora que se viene la misión continental, es una gran oportunidad para entregarnos plenamente a la evangelización y a su servicio, especialmente de los que están mas lejos de la Iglesia ”.
Al preguntarle por lo más lindo de su sacerdocio nos contesta sin titubear: “Haberme sentido un servidor”. (Nora García Vásquez- Fotos Archivo Mons. Bambarén)
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