Testigo de la luz

Testigo de la luzPor: Fray Héctor Herrera).- Jn 1,6-8.19-28: “Yo soy la voz que clama en el desierto”. Y todos Uds. Están en pecado mortal, por la crueldad y la tiranía que usan con estas inocentes gentes”. ¿Acaso esos no son hombres? Proclamaba Fr. Antonio de Montesinos, el 21.12.1511, de la comunidad dominicana de Fr. Pedro de Córdova. Esto, los llevó al enfrentamiento con el poder de Diego Colón. Pedían amor y respeto por la vida y la dignidad de los habitantes de estas tierras. Su mirada a la realidad desde el evangelio, era un aporte a Fr. Francisco de Vitoria, padre del derecho internacional. ESCUCHAR AUDIO

Juan Bautista es profeta, testigo de la luz (v.7). Sacerdotes y levitas, le preguntan ¿qué dices de ti mismo? Yo soy la voz que grita en el desierto (v. 22-23). Él, nos invita a gritar y enderezar el camino del Señor (v.23) ante situaciones irracionales, que exigen el derecho y respeto a la vida desde su gestación, niños con metales en la sangre por la contaminación de los ríos, explotados por el tráfico de personas, codicia y ambición que ensoberbecen a quienes, tienen poder, mcs que oscurecen la conciencia de las personas, violencia física y verbal, maltrato sicológico.

Preparémonos con alegría, el camino de Dios que llega a nosotros. El Papa Francisco nos dice: “la alegría del Evangelio no es una alegría cualquiera. Encuentra su razón de ser en el saberse acogidos y amados por Dios. Como nos recuerda hoy el profeta Isaías (cf. 35, 1-6a.8a.10), Dios es Aquél que viene a salvarnos, y socorre especialmente a los extraviados de corazón. Su venida en medio de nosotros fortalece, da firmeza, dona valor, hace exultar y florecer el desierto y la estepa, es decir, nuestra vida, cuando se vuelve árida. ¿Cuándo llega a ser árida nuestra vida? Cuando no tiene el agua de la Palabra de Dios y de su Espíritu de amor. Por más grandes que sean nuestros límites y nuestros extravíos, no se nos permite ser débiles y vacilantes ante las dificultades y ante nuestras debilidades mismas. Al contrario, estamos invitados a robustecer las manos, a fortalecer las rodillas, a tener valor y a no temer, porque nuestro Dios nos muestra siempre la grandeza de su misericordia. Él nos da la fuerza para seguir adelante. Él está siempre con nosotros para ayudarnos a seguir adelante. Es un Dios que nos quiere mucho, nos ama y por ello está con nosotros, para ayudarnos, para robustecernos y seguir adelante. (Ángelus 15.12.2013)

Un joven universitario, respondía: ¿Por qué existe tanta violencia e injusticia, tanta desestabilización en la familia? “Falta el amor de Dios en el corazón de la humanidad”. Pero, hay signos de esperanza: familias unidas, donde se comparte la fe, la solidaridad, el diálogo, la comprensión. La alegría de vivir, sirviendo y luchando por la dignidad de los pobres. “La alegría cristiana, al igual que la esperanza, tiene su fundamento en la fidelidad de Dios, en la certeza de que Él mantiene siempre sus promesas. Nuestra alegría es Jesucristo, su amor fiel e inagotable. Por ello, cuando un cristiano llega a estar triste, quiere decir que se ha alejado de Jesús. Entonces, no hay que dejarle solo. Debemos rezar por él, y hacerle sentir el calor de la comunidad” (Papa Francisco. 15.12.2013)

Seamos testigos de la Luz de Cristo, creando una cultura de alegría en el encuentro como hermanos. (DOMINGO III ADVIENTO.DOMINGO DE LA ALEGRÍA. CICLO B. D.17.12. 2017.JN 1,6-8.19-28.)

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