Caminando con el Señor de los Milagros

Caminandoconel señordelosmilagros(Por: P. Matías Siebenaller).- El mes morado nos llama a cambiar de vida, a seguir al Señor y hacernos Iglesia “en salida”. Haríamos bien en este mes recordar la visita del Papa Francisco al Perú al inicio del año y meditar su entrañable “llamado a la santidad en el mundo actual”. “No tengas miedo a la santidad. No te quita fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser” (GE 32).

Sí, con la “Gaudete et Exsultate” en la mente y en el corazón vayamos a la procesión del Señor de los Milagros.

1. “Iban con Jesús sus discípulos y una gran muchedumbre” (Lc. 7,11)

Conviene, sea de día o de noche, insertarse en la muchedumbre incontable que sigue las andas del Cristo de Pachacamilla. La mayoría de estos caminantes son pobres. La historia que les ha parido es compleja y ha dejado muchas huellas que duelen. Evidentemente los tiempos actuales y sus injusticias pesan mucho. Pero, ese pueblo vive, camina, reza y tiene esperanza. Conserva en su seno gran sabiduría ancestral y es también un pozo de muchas alegrías comunitarias. Muchos reconocen faltas personales y en el fondo quisieran pactar con lo que es bueno. Ese pueblo que camina con el Señor de los Milagros es el pueblo de Dios.

“El Señor, en la historia de la Salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Por eso nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establece en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo” (GE 6).

“Dejémonos estimular por los signos de santidad que el Señor nos presenta a través de los más humildes miembros de ese pueblo que participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad” (GE 8).

2. “Cada uno por su camino”

No ando allí perdido y ninguneado en medio de ese pueblo al cual pertenezco. Tengo una vocación única que me remite a lo que soy llamado a ser, a mi verdadera identidad. El Papa Francisco recuerda una afirmación de la Lumen Gentium: “Todos los fieles, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre” (LG 11).

Caminando con el Señor de los Milagros puedo desandar el camino de mi vida:

Yo que tiendo a mirar sin piedad lo hecho y omitido de hacer, puedo suplicar al Señor de ser él, el juez de lo vivido por mí.

Puedo dar gracias por la mucha gente buena encontrada a lo largo de mi camino.

Puedo dar gracias por renacer, más de una vez, en medio de dificultades.

Puedo reconciliarme con mis contradicciones. Yo que a veces soy como estos pescadores que dejan todo para seguir a Jesús (cf. Lc 5,4-11) y a veces soy como Pedro que no quiere que el Maestro escoja el camino de la cruz (cf. Mc 8,31-36). A veces soy como Zaqueo en el sicómoro (cf. Lc 19,1-10) y a veces soy como la hemorroísa, con vergüenza en medio de tanta gente y con ganas de tocar las andas del Señor (cf. Lc 8,43-48). A veces soy el Fariseo y a veces soy el publicano en el templo (cf. Lc 18,9-14). A veces faltando de fe (cf. Mc 4,35-41) y a veces confesando con entusiasmo: “Señor, a quién iríamos: solo tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).

“Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos.
¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales” (GE 14).

3. “Nos dejó las bienaventuranzas. Son como el carnet de identidad del cristiano” (GE 63)

También puntualiza el Papa que “en las bienaventuranzas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas” (GE 63).

Tratemos entonces, caminando con el Señor de los Milagros, de recordar las bienaventuranzas así como las acuña el mismo Papa:

 Ser pobre en el corazón…
 Reaccionar con humilde mansedumbre…
 Saber llorar con los demás…
 Buscar la justicia con hambre y sed…
 Mirar y actuar con misericordia…
 Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor…
 Sembrar paz a nuestro alrededor…
 Aceptar el camino del Evangelio aunque cause problemas…eso es SANTIDAD

Porque las bienaventuranzas “van muy a contracorriente con respecto a lo que es costumbre y se hace en la sociedad” (GE 65), no podemos sino haciendo revisión de los graves problemas que han venido acentuándose los últimos años en el Perú y que contribuyen a que muchos pobres se vuelven más pobres.

La meditación de las bienaventuranzas evoca lo que es inhumano, pero en primer lugar anima a buscar felicidad, “un gran tesoro, una perla preciosa”, santidad. “La palabra “feliz” o “bienaventurado” pasa hacer sinónimo de “santo”, porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra, alcanza en la entrega de sí la verdadera dicha” (GE 64).

A la procesión del Señor de los Milagros se va para orar. “Las bienaventuranzas de ninguna manera son algo liviano o superficial; al contrario, ya que solo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del orgullo” (GE 65).

4. “La lógica del don y de la cruz”.

El Papa Francisco termina su llamado a la santidad con una palabra de San Buenaventura que, refiriéndose a la cruz de Cristo, afirma: “Esto es nuestra lógica” (EG 174).

Ahora bien, la cruz está en el centro de la devoción al Señor de los Milagros. Mucho del ritual que rodea las andas del Cristo Morado gravita hacia la cruz y resalta el Misterio Pascual. La multitud de peregrinos camina los ojos fijos en la cruz. “El levantado en alto atrae a todos hacia él” (Jn 12,32).

“Recordemos que es la contemplación del rostro de Jesús muerto y resucitado la que recompone nuestra humanidad, también la que está fragmentada por las fatigas de la vida o marcada por el pecado. No hay que domesticar el poder del rostro de Cristo” (EG 151).

¡Tenlo presente! El mes morado 2018 puede ser la oportunidad para que crezcas en fidelidad a tu Dios, a los demás y a ti mismo.

 

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