Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado PDF Imprimir E-mail

"Nuestro Señor Jesucristo, sufriendo en una multitud de enfermos y necesitados de toda condición, busca alivio en sus manos". Este fue el llamado que hiciera su fundador en 1869 y que las hermanas del Verbo Encarnado en Chimbote siguen con fidelidad y entrega desmedida a los pobres y enfermos.


La Congregación de las Hermanas de la Caridad del Verbo fue fundada por el Obispo Claudio María Dubuis y establecida en San Antonio, Texas, en el año de 1869, como respuesta a las necesidades más urgentes y concretas de la Iglesia en aquel momento histórico.
Su misión es actualizar el amor salvador y misericordioso del Verbo Encarnado, promoviendo la dignidad de la persona humana en el ejercicio de las obras de misericordia. Así viviendo su carisma están presentes en Estados Unidos, México, Guatemala, Perú, Zambia e Irlanda.

ACTUALMENTE ES UNA COMUNIDAD DE A DOS

Elena, Eva, Rosalin, Ana María y Grace, llegaron a Chimbote en diciembre de 1964. Una de sus primeras tareas fue atender la parroquia San Francisco de Asís (21 de Abril) y sus 8 caseríos; acompañando en la catequesis, a los clubes de madres, los jóvenes y los enfermos. Un año después abren la Posta Santa Clara.

Hoy son sólo dos hermanas en Chimbote, próximas a cumplir 10 años entre nosotros, pero que se sienten unidas con las otras integrantes de su congregación que están en Lima y Puno, y las dispersas en el mundo. Al preguntarles sobre el trabajo que hacen es realmente intenso para sobrellevarla entre dos hermanas. “Cada una de nosotras ofrece sus talentos. Sabemos que no estamos aquí para cambiar las cosas sino para acompañar”, dice la hermana Juanita Albracht.

“Es una gracia de Dios que la misión de nuestra congregación no haya desaparecido”, agrega. Tienen la esperanza de que pronto puedan verse los frutos del programa de formación vocacional que se inició en 1982 y así puedan tener comunidades de hermanas más numerosas. Actualmente son 3 hermanas peruanas con votos perpetuos, 2 con votos temporales y 2 novicias.

SALUD PARA LOS MAS POBRES

“Es impresionante como cada día varias personas tocan la puerta de nuestra casa buscando comida, ropa o medicina, y eso nos choca porque no tenemos los recursos para atender las necesidades de la gente”, dice la hermana Sarah Swason, quien gasta sus días visitando enfermos de Sida.

La hermana Juanita señala que ha sido testiga de los grandes cambios sociales y avances tecnológicos, pero que lamentablemente no pueden ser disfrutadas por las mayorías. “Creo que Chimbote es una de los pueblos con grandes necesidades, mucha gente cocina en leña y además tiene que enfrentar la basura”, agrega.

Ellas se quiebran ante el dolor de los enfermos y la pobreza de la gente, pero también se enojan frente a la corrupción, el pandillaje y la basura. Llevan adelante dos obras de amor: el Servicio de Salud Integral Santa Clara (extendida a la zona de El Trapecio) y el Hospicio Santiago Apóstol (ubicada en La Victoria).

Así ofrecen servicios de medicina general y especializadas, odontología, terapias de lenguaje y conducta, medicina alternativa de reflejoterapia y medicina energética, métodos de relajación y servicios domiciliarios en las zonas de las parroquia San Francisco. Desarrollan programas de educación en la prevención de la infección del VIH/SIDA y acompañamiento a personas con esta enfermedad.

La segunda obra pionera en Latinoamérica, el Hospicio, brinda servicios para las personas en su última fase de su vida, son atendidas en su propio domicilio o en la residencia asistencial que se ha construido. Consiste en el acompañamiento del paciente y la familia por un equipo de profesionales, incluso después del fallecimiento del familiar querido (a).

En toda esta labor son apoyadas también por voluntarios y asociados laicos, que siguen su deseo de vivir la espiritualidad de la encarnación, desde su trabajo en las parroquias, en sus hogares van manifestando el amor misericordioso de Dios . Hay 10 en Chimbote y en las otras 3 comunidades

PASTORAL PARROQUIAL
Parte de su misión es promover la dignidad de la persona humana, analizando la realidad en que viven para discernir las necesidades de la Iglesia. “Estamos para responder a las necesidades y aportar al desarrollo de la gente”, dicen.

La hermana Sarah tuvo el acompañamiento por 4años a un centro de rehabilitación para discapacitados y alcohólicos, “y aunque me costó la adaptación, les agradezco que compartieron sus vidas y sus familias conmigo, me enseñaron a conocer la situación políticas, social y familiar del país”, señala.

Ahora acompaña a unas 20 personas infectadas con VIH/SIDA del Grupo de Ayuda Mutua (GAM), visitando sus casas y familias. Además ofrece los cursos de Biblia en la parroquia y es miembro del Equipo de Parroquial de Animación Pastoral.
Mientras que la hermana Juanita es coordinadora de los coros de la parroquia, dirige a las promotoras de salud, visita a los enfermos, prepara a los salmistas y es directora del Servicio de Salud Santa Clara y el Hospicio.

 

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