Nuestro Obispo
Feligresía chimbotana expresó su afecto a Obispo

Obispo sigue con las Confirmaciones

El pasado jueves 3 de diciembre, el Obispo de Chimbote, Mons. Angel Francisco Simón Piorno, recibió centenares de saludos de sus fieles, sus hermanos sacerdotes, religiosas, profesores y alumnos de los colegios diocesanos, personal del obispado, autoridades y amigos en general.

Celebrar su cumpleaños fue una ocasión para reunirlos a todos en la Eucaristía, celebrada en el templo de la parroquia San Carlos Borromeo; a la que también asistió el presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y Arzobispo de Trujillo, Mons. Miguel Cabrejos, quien en su homilía destacó el carisma de pastor y misionero del Obispo de Chimbote en su paso por otras jurisdicciones eclesiásticas.

Mons. Simón Piorno tuvo un almuerzo de confraternidad con sus sacerdotes y religiosas; y por la noche un homenaje con la presencia de más de 400 personas entre profesores y personal de las obras sociales.

Agradecido por las muestras de afecto y cariño, dijo sentirse en una verdadera familia. El Obispo partió al día siguiente a Huarmey para continuar con el cronograma de celebraciones con jóvenes que recibirán el sacramento de la Confirmación.

Hoy domingo, estará en Jimbe por la mañana, presidiendo además la misa de fiesta patronal; y a las 5 p.m. celebrará la Confirmación en Moro.
Este martes 8, hará lo mismo en la parroquia Santa Cruz a las 7 p.m. Mientras prepara el encuentro de obispos del norte que se realizará en Chimbote el miércoles 9. Otras ceremonias de Confirmación celebrará en Macate y Huanroc, el viernes 11; y al día siguiente en la capilla Niño Dios y Coishco. El próximo domingo, en las parroquias Sagrado Corazón (10 a.m.), Nepeña (5 p.m.) y San Jacinto (8 p.m.)

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Mensaje del Obispo: La Palabra se hizo carne

La Palabra se hizo carne

En Belén el Hijo de Dios ha asumido plenamente nuestra condición humana. No sólo se ha hecho hombre; se ha hecho carne.

En la Biblia la expresión "CARNE" significa debilidad, indefensión, fragilidad. Dios se nos ha hecho no un hombre olímpico e impasible, sino un ser humano surcado por la debilidad y el sufrimiento, sometido a la enfermedad y a la necesidad de ser protegido y querido, solicitado por la ansiedad y el abatimiento. Dios ha querido compartir con nosotros no sólo nuestra naturaleza, sino nuestra debilidad.

Los seres humanos somos capaces de llamar a Dios para que venga a nuestro lado y nos ayude a luchar, a trabajar, a amar, a vivir. Queremos a nuestro lado un Dios Poderoso, que nos dé seguridad y protección. Dios responde a nuestro deseo y viene a nuestro encuentro en el Verbo Encarnado. Pero no como alguien lleno de poder y de fuerza. Se nos acerca como un ser inerme y débil. Viene a ayudarnos desde dentro a asumir nuestra condición de seres necesitados, contingentes, propensos a sufrir y hacer sufrir, obsesivos, pecadores.

No viene a liberarnos de nuestros problemas por una intervención fulminante, sino a darnos con la gracia de su ejemplo y con la acción discreta de su Espíritu, pequeña dosis diaria de coraje y de paciencia para asumir nuestros problemas, personales, comunitarios o eclesiales sin desesperarnos y angustiarnos.

Ante el Señor que se hace carne y nos muestra la Gloria de su debilidad, estamos abocados a pasar de largo o a RECONOCERLE.

Reconocer es mucho más que conocer. Reconocer es percibirle como alguien que tiene que ocupar un punto central en nuestra vida. Reconocerle es entablar con El una relación de amistad. Reconocerle es adaptar nuestros criterios y nuestros valores a los criterios y valores de Dios hecho hombre. Reconocerle es hacer mío su programa liberador y salvador que El trae al mundo. Reconocerle es descubrir su rostro en todos los pobres y sufrientes del mundo.

Si somos capaces de conocerlo en las fórmulas de fe, pero incapaces de reconocerlo en los pobres y necesitados, tal vez pertenezcamos a aquel grupo numeroso del que nos habla el Prólogo de San Juan: "Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron".

Con la Biblia en la mano aprendamos a identificar a Cristo recién nacido, con el Cristo encarnado en los ancianos, en los postergados, en los oprimidos, en los fracasados.

 
Mensaje por inauguración de Año Académico en Universidad Católica (28/4/09)

 

Mensaje por la inauguración del Año Académico en la Universidad Católica Los Ángeles de Chimbote

Al inaugurar el Año Académico en la Universidad Católica Los Ángeles de Chimbote, me gustaría conversar brevemente con ustedes acerca de una de mis grandes preocupaciones, el futuro de la fe en la sociedad peruana y latinoamericana, el diálogo entre fe y cultura. Previamente podríamos definir la cultura como la forma de relación con la realidad circundante, con la economía, con la naturaleza, con los testimonios de la civilización y del pensamiento con los otros seres humanos, con nosotros mismos y con Dios.

No es lo mismo el ser culto que ser erudito. Se puede ser erudito y no ser culto. Hoyes especialmente difícil el serIo. El mundo en el que vivimos, valora el slogan, lo que está de moda, la superficialidad. Nadie se hace preguntas y por eso no hay respuestas.

Recuerdo que durante la V Conferencia de Aparecida, se planteó la siguiente cuestión: Latinoamérica ¿vive en una época de cambios o en un cambio de época?

N o es esta una cuestión intrascendente. La Iglesia latinoamericana es consciente que estamos asistiendo a la agonía de un largísimo ciclo histórico y al nacimiento de algo totalmente nuevo, que afecta directamente a la Iglesia y a su mensaje.

La época que termina comenzó propiamente en la segunda mitad del siglo XIV y tuvo a Galileo como su auténtico líder. El pone en marcha lo que se ha denominado la revolución científico-técnica. En esta etapa el ser humano se convierte en el centro del universo e implementa la desmitificación de las fuerzas del cosmos. Se produce una auténtica crisis del pensamiento y de la filosofía y se rescata únicamente la matemática y la técnica. En esa misma línea aparece la Revolución Industrial que implica lo siguiente: lo definitivo e importante _es la producción, el lucro, la competencia y la paulatina sustitución de la fuerza humana por la técnica.

En la Revolución Industrial se vuelven anacrónicas aquellas preguntas: el qué, el por qué, el para qué, preguntas, que siempre se formuló el pensamiento filosófico.

Esas dos revoluciones prepararon lo que se ha denominado la Revolución Cultural. El Despotismo ilustrado es decir el despotismo de la razón, excluye la fe como interlocutor. Descartes y Kant llevarán adelante el proyecto de eliminar a Dios como interlocutor, no porque se quiera prescindir de El, sino porque donde opera la razón, la fe no tiene nada que decir. La fe, si es que existe, no tiene nada que ver, ni con la ciencia, ni con la política, ni con la economía. La fe es algo privado y su esfera es la privacidad.

En este largo proceso histórico, aparece lo que la sociología del conocimiento denomina la Revolución Democrática. Esta Revolución descubre valores tan importantes como la igualdad, la fraternidad, la libertad, se preocupa por los derechos humanos, pero ignora que el soporte de los mismos es Dios. Prescindiendo de Dios, el individuo se instala en el "carpe diem" de Horacio.
Dios deja de ser el referente y el hombre vuelve a ser la medida de todas las cosas. Ha aparecido el Hombre, que todos conocemos: insensible, carente de alegría, sin sentido ético e inerme ante el sufrimiento.

Este es el hombre de nuestro tiempo: un ser despojado de esperanza, que siente amenazada su existencia y supervivencia, que ha perdido las certezas fundamentales y las reemplaza por el mito del progreso y la creencia que éste llega a todos.

Aparecida tuvo delante este panorama sombrío. La Iglesia Latinoamericana es consciente de las gravísimas distorsiones y desviaciones de nuestro tiempo: la primacía de lo individual sobre lo comunitario, la primacía del presente sobre el futuro, la primacía del hedonismo sobre la felicidad lograda- con trabajo y sufrimiento. Asistimos a un mundo en crisis marcado por la anomia, la atelia, la pérdida del sentido moral y, por lo tanto, del sentimiento de culpabilidad. La barbarie y los crímenes que diariamente son reportados por los medios de comunicación social, apenas si provocan un sobresalto en la conciencia moderna.

Aparecida reconoce que ante la gravedad de lo que acontece todos, pero de una manera especial, la Universidad Católica, debe buscar una salida. Tenemos de nuestra parte la sensatez de la cultura latinoamericana, que sigue valorando a la persona, a la comunidad, el sentido religioso, el mundo indígena, etc. Aún estamos a tiempo. Muchos se han desenganchado de la fe, pero aún es posible un diálogo de la fe y desde la fe, con la cultura adveniente.

La nueva época, la globalización, distingue la sociedad entre aquellos que ven en ella una posibilidad de lucro económico y aquellos que no piensan sacrificar lo que los identifica y define.

En este nuevo contexto, evangelizar la cultura no significa manipular el Evangelio o en tampoco que el Evangelio arrase con la cultura.

Evangelio y cultura han de ser colocados en creativa comunicación, con la certeza que el resultado será un enriquecimiento de la cultura y la sociedad será salvaguardada y garantizado su futuro.

La Universidad Católica está llamada a trabajar aquellos valores perennes como la libertad, el respeto a la vida, la solidaridad, la equidad, la verdad, el diálogo permanente entre fe y razón, que son las alas, que permitirán a las generaciones presentes y futuras levantar el vuelo por encima de lo cotidiano y contingente. Es en la Universidad donde debemos aprender y dominar las asignaturas pendientes, tales como la dignidad de la persona y el cuidado de la naturaleza, que nosotros hemos recibido, no como herencia de nuestros padres, sino como préstamo de nuestros hijos. Es tarea de la Universidad Católica enseñar al hombre a ser señor y cocreador permanente de la vida en todas las dimensiones. Dios ha querido que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Con estos santos propósitos iniciamos el año académico para que, la Uladech Católica promueva el humanismo cristiano, que libera de las esclavitudes que amenazan y no dejan ser libres a los hijos de Dios.

Doy por inaugurado el Año Académico 2009

 
Carta del Obispo de Chimbote en visita Ad limina-Roma (3/5/09)

OBISPO DE CHIMBOTE AL ENCUENTRO CON BENEDICTO XVI.- Durante el mes de mayo, mes que la Iglesia dedica a la Santísima Virgen María , haré junto a los Obispos del Perú, la visita Ad limina apostolorum. ¿En qué consiste? La legislación de la Iglesia, establece que el Obispo Diocesano, ha de tener cada 5 años un encuentro personal con el Santo Padre y con los Discaterios de la Curia Romana , para que informe acerca del estado de su Iglesia particular.

 
Mensaje del Obispo por Semana Santa 2009
Mensaje del Obispo por Semana Santa

Dios crucificado es el Cristo resucitado

La Semana Santa es sin duda alguna, la más importante de todo el año 'litúrgico para los que creemos y seguimos a Jesús. La liturgia de la Iglesia actualiza para nosotros hombres y mujeres del siglo XXI los misterios centrales de nuestra fe.

Me gustaría que durante estos días, contempláramos con ánimo conmovido a Jesucristo, el Dios Crucificado. Nuestra mirada ha de ser una mirada de fe, que ve en ese hombre ajusticiado, no a un des estabilizador del imperio, sino al Redentor del mundo, que carga sobre sus espaldas el pecado de la humanidad y que ha bajado hasta los sótanos de' la miseria humana, porque quiso ser solidario de todos los hombres y de sus miserias y sufrimientos.

Celebramos durante estos días la institución del sacerdocio cristiano, tan vinculado a la institución de la Eucaristía , que es cimiento y plenitud de la vida eclesial. Sin sacerdocio no hay Eucaristía y sin Eucaristía no hay Iglesia.

Podría parecer que el cristianismo es la religión de los derrotados por la vida, de los desheredados, si solamente nos quedásemos con la cruz. No es así, la otra cara de la cruz es la Resurrección. El Dios Crucificado es el mismo Cristo Resucitado. La vida de los que creemos en El es una vida crucificada y resucitada. Al igual que el resucitado conserva aún las llagas de sus manos, de sus pies y de su costado, nuestra vida lleva en sí los signos de la crucifixión y de la resurrección al mismo tiempo.

Llevamos las marcas del crucificado en todas las impotencias, sufrimientos y fragilidades de nuestra condición humana: en la salud quebrantada, en los defectos de nuestro temperamento, en la incomunicación con personas que nos rodean, en las ilusiones frustradas por la dura realidad, en los recuerdos de páginas de la historia de nuestra vida que desearíamos no haber escrito jamás, en nuestros pecados de ayer, de hoy y de mañana.

Llevamos las marcas del resucitado en nuestra sensibilidad para con los pobres, en el amor a nuestros her-manos, en nuestros deseos de mejorar y progresar espiritualmente en el gesto de perdón que otorgamos generosamente, en la oración diaria, en la alegría de vivir que experimentamos, en los buenos deseos que emergen de nuestro corazón.

Debemos asumir ambas dimensiones de nuestra vocación cristiana. Un cristianismo sin pasión y cruz, no es cristianismo; es triunfalismo. Un cristianismo sin resurrección tampoco es cristianismo, sino dolorismo y derrota. La Resurrección de Jesucristo ha hecho que vivamos una vida dichosa, pero con una alegría crucificada, ya que el Resucitado es el Crucificado.

Que así como nos duelen nuestras miserias, nos alegre también el poder sanante y renovador de Cristo Resucitado. (Mons. Ángel Francisco Simón Piorno)

 
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